San Juan del Sur: cuando una puesta de sol da sentido a un viaje

Montones de turistas europeos y norteamericanos, guapetones bronceados y pseudo hippies del siglo XXI. Rótulos en inglés, hoteles sobre hoteles y tiendecillas con camisetas en plan “I love Nicaragua”. Y ¿qué decir de la estatua del Cristo Redentor? Hermanastra fea de la de Rio de Janeiro; más cutre, difícil. Un pésimo trato al turista (en mi caso) y un bienestar de fachada que choca contra las desconsoladas imágines de la gente rebuscando en la basura poco fuera del micro centro del pueblo. Esta, en síntesis, mi visión de San Juan del Sur. Es un punto de vista muy negativo, lo sé, pero personal y por ende lícito. Pero esta pequeña ciudad (¿pueblo grande?) del suroeste de Nicaragua cuenta con mucho de lo que prefiero evitar cuando viajo.

_DSC0006 _DSC0011

Cuando estás a punto de llegar a un lugar nuevo, por desconocido que sea, ya cargarás con una idea preconcebida del mismo. Ya sea por lo que te han contado otros o por lo que has leído y visto en Internet. Esta vez no hace excepción, ya me imaginaba lo que me esperaba viniendo aquí, pero verlo con mis propios ojos ha sido igual decepcionante y a ratos irritantes. Cuando todavía estaba en Salamanca preparando estos meses centroamericanos, mapa en una mano y Lonely en la otra, puse un puntito rojo al lado de San Juan del Sur. Lo admito. Lo hice pensando en ir a ver las tortugas depositando sus huevos. Al enterarme de que la temporada terminaba antes de mi llegada, borré mentalmente ese puntito del mapa. Sin embargo, organizas y organizas y luego muchos de los planes de viaje no se cumplen, simplemente toman otras direcciones, evolucionan (se espera), cambian. Así fue para mí con respecto a San Juan, planificando un fin de semana en la vecina Costa Rica, propuse a mi compañera de viaje parar a medio camino para ver si las playas del sur son tan bonitas como dicen. Así, sin ni siquiera el tiempo de arrepentirme por lo dicho, estaba sentado en un horno con cuatro ruedas rumbo a San Juan del Sur.

_DSC0029 _DSC0127

Desde Managua existen dos opciones para alcanzar el famoso centro turístico: un bus directo que sale dos veces al día o haciendo transbordo en Rivas, ciudad que la gente descubre cuando organiza su viaje a la Isla Ometepe o a San Juan mismo. El viaje es relativamente breve y, como siempre aquí en Nicaragua, muy barato. San Juan no tiene terminal, los buses llegan y salen desde el pequeño mercado. Las cuatro calles que forman el centro de la ciudad están repletas de tiendecillas de surf, bares y hotelitos varios, y la cosa peor: ¡de turistas! Pues sí, tras dos meses de estar entre gente mestiza y unos pocos blancos (igual casi todos nicaragüenses) el choque fue bastante fuerte. Objetivamente, no hay nada interesante que ver en la ciudad, quizás lo único podría ser el panorama desde el Cristo que “domina” la bahía desde lo alto, pero por una serie de decisiones equivocadas (menudo comienzo de viaje, ¿verdad?), perdimos la oportunidad de subir al mirador. Aquí la gente viene para salir de fiesta e ir a la playa. Puesto a nosotros nos tocaba madrugar al día siguiente, optamos solo para la segunda opción. El paisaje desde el centro a Playa Maderas, una de las perlas de la región, es desolador: nueve kilómetros  en los que se alternan espacios secos y vacíos y basureros donde los hombres se disputan literalmente restos de basura con los buitres. Pero cuando el último estrecho tramo de tierra polvorienta termina, se abre paso una hermosa playa de arena clara. De mi relación con la playa voy a hablar en el post dedicado a la segunda parte del viaje de este fin de semana (Léelo aquí). De la tarde en Playa Maderas me quedo con el baño en las aguas frescas del Atlántico y el vivísimo recuerdo de la maravillosa y encendida puesta de sol (que me proporcionó los elementos para estas fotos que veis).

_DSC0138 _DSC0205

La estancia en San Juan del Sur terminó con un enorme apagón eléctrico que dejó toda la ciudad a oscuras desde la tarde. Lo bueno fue que así pudimos cenar unas quesadillas y pasear por el centro iluminado solo por la fuerza de los millones de estrellas del cielo (y unos generadores). Digo eso para enseñaros que aunque estuviera en un lugar que poco o nada encajaba conmigo y que los del albergue además de ser poco colaborativos (dejémoslo ahí) nos dejaran tirados en la playa a nueve kilómetros del centro cuando ya era de noche (pues sí, eso también nos pasó), consigo encontrarle el lado positivo a las cosas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

%d a los bloggers les gusta: