“I remember Spanish Moss a hangin’ from the cypress trees
And the smell of Honey Suckle on the Mississippi breeze”
Chris Ledoux
Born in Mississippi
Hace ya más de dos meses que volví de América Latina y he perdido la cuenta de las veces que he tenido que contar a amigos y parientes cómo había ido el viaje. Admito que me gusta mucho que la gente me pregunte y, lejos de ser uno que presume de los viajes que hace, disfruto intentando compartir con otras personas lo que viví yo cuando estaba lejos de casa. Digo “intentando” porque hace tiempo ya que me he dado cuenta de que transmitir algunas cosas no es posible ni siquiera con la ayuda de una fotografía. A veces me parece incluso complicado describir realidades más bien cercanas a la mía, por eso me parece casi imposible hacer vivir a alguien de aquí las situaciones que viví yo en Nicaragua y en una escuela de la caótica y lejana Managua. Las diferencias son tan fuertes que la realidad de un lugar no entra en el rayo de comprensión de la del otro. Algunas cosas es hay que vivirlas personalmente, sin filtros. Sigo intentándolo y no me dejo venir abajo, pero a menudo me encuentro cerrando mis relatos con un perentorio y poco concreto: “¡Es totalmente otro mundo! Es muy difícil de explicar”. Sin embargo, tengo la sensación de que cada vez que vuelvo de un viaje mis descripciones mejoran un poquito, de alguna forma es mi misma sensibilidad que se va afinando permitiendome definir con más claridad las zonas de sombra representadas por las diferencias culturales. Quizá llegue el día en que consiga hacer pasar ciertos mensajes que de momento solo puedo vivir y experimentar, pero no compartir. Dicho esto, después de un verano muy atormentado, laborioso sobre todo a nivel mental y marcado por un continuo cambio de planes, dentro de unos días empezará una nueva aventura. Para este propósito tomo prestada una frase de un experta viajera-bloguera, Laura Lazzarino, que realmente dice mucho más de lo que se lee entre comillas: “Ya nadie nos cree cada vez que hablamos sobre el próximo destino: tenemos una histeria cartográfica”. Por un lado, esta histeria resume a la perfección mi verano; por el otro, la frase custodia una forma de vivir común a muchos en que no importa (mucho) la meta, sino el viaje. Cada uno de nosotros tiene unos lugares que querrá visitar más que otros, pero a fin de cuentas lo que cuenta es llenar la mochila, salir da casa y dejarse coger por la emoción que acompaña cada salida, tanto la primera como la enésima. Como dice muy bien Paul Theroux en El viejo expreso de la Patagonia (2000): “Lo que me interesa es el despertar por la mañana, el progreso desde lo familiar a lo un poco raro, lo bastante extraño, lo completamente ajeno y, por último, lo extravagante. El trayecto, no la llegada, es lo que importa; la travesía, no el desembarque”.
El exotismo caracteriza el profundo sur de los Estados Unidos de América. Siete años después de mi primera experiencia en el otro lado del charco, me preparo para pasar unos meses en compañía del pueblo de la Coca cola y los fast food (por no decir de las guerras y los bombardeos). Esta vez no habrá playas de San Diego y la vida californiana esperándome, sino el mucho menos conocido deep south, y en particular el estado que toma el nombre del segundo río más largo del país, ese Misisipi casi legendario.
Intento mantener cierta distancia de los estereotipos y de no crearme demasiado prejuicios – tanto positivos como negativos – sobre los sitios que estoy a punto de visitar, sin embargo es muy difícil bajar de un avión (o de un tren o bus que sea) con la mente virgen. He conocido solo a una persona de estas regiones, un tejano que encontré en Ciudad de Panamá, y por casualidad esa fue también la única vez che alguien me dijo me lo iba a pasar de lujo y que la gente de ahí es súper amable y solidaria. Estoy leyendo un par de libros de viajes en los que los autores pasan por el profundo sur, pero ni Paul Theroux ni, sobre todo, Bill Bryson no se desgastan en descripciones exageradamente positivas sobre la gente del sur. Como he dicho, intento siempre no dejarme afectar por los prejuicios y los lugares comunes, pero en la cabeza va tomando forma, inevitablemente, una idea. A veces positiva, otras menos. Así, los campos de algodón, un acento incomprensible, las luchas raciales, Elvis, la religión, Huckleberry Finn y Tom Sawyer, las casitas de madera, Gene Hackman en Mississippi Burning, las carreras descompuestas de Forrest Gump y las gambas de Bubba, los rednecks, la música country y la música blues, sono hasta ahora mi sur. Flashes desconectados, obviedades que necesitarán la experiencia directa para ser confirmados o negados. Independientemente de como salga esta nueva aventura, estoy convencido de que cualquier viaje merece la pena de ser emprendido y vivido hasta el fondo, buscando siempre la verdadera esencia de los lugares y de las personas que encontramos en el camino. El viaje me ha permitido conocer a personas y vivir experiencias que han cambiado mi concepto de “normal” y “lógico”, abriéndome las puetras sobre un mundo extremadamente fascinante. Y por eso le estaré por siempre agradecido.