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Erasmus

07/08/13 España # ,

Erasmus: droga, sexo y rock ‘n’ roll (y mucho más)

Erasmus: droga, sexo y rock ‘n’ roll (y mucho más)

Memorias de un erasmus

La leyenda dice que el estudiante Erasmus pasa un año de locuras y exageraciones, ligues a saco y además aprueba sin estudiar. Esta idea preconcebida lleva a algunos a vivirlo así. En mí caso, y creo en el de los que formaban parte de mi grupo, el año de Erasmus fue muchísimo más: vivimos esta extraordinaria experiencia más allá del desfase fiestero y del absentismo crónico. Conocí a fondo la ciudad y la gente que se ha cruzado en mi camino. Tuve la suerte de compartir diez meses con gente especial, unas personas que en poco tiempo –ser Erasmus es una experiencia breve pero muy intensa-  se convirtieron en amigos muy cercanos y con los que sigo en contacto, a  pesar de las distancias geográficas.

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Pero empecemos por el principio. Jamás me había planteado irme de Erasmus y la verdad es que sabía muy poco de esta beca hasta que estuve en Salamanca por primera vez. Fue una profesora de la academia donde daba clase que, sabiendo que me había quedado tan a gusto, me preguntó por qué no pedía una Erasmus. A la vuelta a Lausana me informé y las cosas empezaron a tomar forma: después de un par de entrevistas, pude empezar con el papeleo. Un mes más tarde tenía la confirmación: iba a volver a Salamanca, ¡esta vez por todo un año!

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El 6 de septiembre de 2009 estaba de vuelta a Salamanca, listo para las fiestas patronales. Y las fiestas de Salamanca no se olvidan fácilmente. Recién llegado me acerqué a la cabina telefónica en la esquina de Anaya para mirar los anuncios de pisos. La buena honda que parece acompañarme cuando estoy aquí hizo que una morenita con gafas también estuviera echándole un vistazo a los mismos anuncios. Acababa de encontrar a mi futura compañera de piso, gran amiga, confidente e increíble compinche de mil aventuras: Elisa. Gracias a ella los largos paseos a cuarenta grados no parecián tan largos y al cabo de un par de días estábamos celebrando con una cañita sentados en el suelo al lado de la filmoteca: teníamos piso. El 2° B de calle Méjico 12 no tardaría mucho en convertirse en el “Piso de la fiesta”. Sería tarea utópica intentar contar todo lo que pasó ese año y tampoco es el propósito de este post hacerlo. Por ello, quito el zoom y vuelvo a mirar las cosas desde más lejos, porque sólo quiero compartir algunas de las facetas más importantes de la Erasmus.

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De ese primer año completo en Salamanca recuerdo las fiestas y el cachondeo que nos acompañaba siempre. Pero, sobre todo, me quedo con los amigos que conocí, la verdadera esencia de aquel annus mirabilis. Por primera vez me sumergí totalmente en un ambiente masivamente multicultural. Salamanca se convirtió en mi Babilonia. En las quedadas se hablaba español, obvio, pero dependiendo de la ocasión o del anfitrión, llegaban al oído sonidos procedentes de toda Europa. Puesto que la gente no solo es el idioma que habla, en los diez meses de beca, aprendí mucho de cada uno de los amigos que se toparon en mi camino. Con el tiempo uno se va acostumbrando al choque cultural perpetuo y es sugestivo ver como las diferencias van menguando. Incluso usos y costumbres se intercambiaban y mezclaban, creando pequeños Frankenstein multiculturales, a veces muy peculiares.

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Las pocas horas de clase me permitieron, a menudo, alquilar un coche con unos amigos y salir al descubrimiento de España. Gracias a los viajes conocí mejor al país y a mis colegas más cercanos. Compartir horas encerrados en un coche de alquiler o callejeando perdidos por alguna ciudad fortaleció nuestras amistades. Además de este aspecto social y humano, propio del viaje mismo, los fines de semana on the road abrieron mis ojos a uno de los países más bonitos que he visto nunca. España tiene una diversidad de paisaje y cultual impresionante. Coordinadas distintas marcan costumbres distintas. Así, el concepto de tapa/pincho va variando desde Bilbao a Madrid, hasta revolucionarse en Granada. En dos palabras: si en el norte se piensa en un pincho contundente pero muy caro que pagas aparte de la bebida, con una tapa en el sur, en cambio, cenas y te queda dinero para pedir unas cuantas cañitas más.

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Pero me estoy yendo un poco por las ramas. Puesto que ya lo hizo Larra y que tengo muchos amigos que pueden hablar de sus costumbres mucho mejor que yo, mejor vuelvo al tema y termino estos recuerdos-homenaje a la Erasmus. En fin, está bien que la Erasmus se viva en plan droga, sexo y rock ‘n’ roll, pero tiene que ser mucho más que eso. Esos diez meses para mí lo fueron: crecí mucho como persona,  contribuyeron a ampliar mis horizontes y a seguir una evolución personal que había empezado un poco antes y que se apoyará luego en la experiencia y en la gente del Máster. Porque, otra vez, tenía que quedarme un año, pero no sabía que mi ciclo salmantino no tenía que terminar aún. Esta, de nuevo, es otra historia.

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P.D.: Me gustaría dedicar este post a todos mis compañeros de aventura. Adrede no entré en particulares (mejor, “no he entrado en detalles”), ni hice ejemplos concretos de mi experiencia, no solo por pudor, sino para no aburrir a los que no tuvieron la suerte de estar allí entonces. Además, no dudo de que los que sí estuvieron (o que se han ido de Erasmus en alguna parte del planeta)  hayan podido volver un momento a esos días. Pues, esto es para (y gracias a) vosotros: Maïté, Elisa, Fede, Simo, Julien, Yaiza, Yoko, Cornelia, Kira, Raquel, Judit, Fede(rica), Elisa, Elisabetta, Sara, Jorge, Mario, Ángel, Quique, Patri, Lupe, Tony, Marius, Esther, Carla, Tomas, Anna, Miriam, Klara and many more…

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Jack

Amante de la comida callejera, los autobuses incómodos, las carreteras polvorientas y los colchones en el suelo; amante de todo lo que está al otro lado de la ventana. Amante del mundo y de la buena compañía.

Me llamo Jack y en este espacio virtual comparto emociones reales.

El ojo detrás de la cámara, los dedos que teclean, la mente que, a veces, piensa: todo eso me pertenece; así como los derechos sobre los textos, las fotos y las informaciones publicadas en Libertad Viajera.

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