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27/05/14 Hungría , Reflexiones # , , ,

“No puede llover para siempre”. De nuevos proyectos e ideas pasadas

“No puede llover para siempre”. De nuevos proyectos e ideas pasadas

“No puede llover para siempre”. Cómo no estar de acuerdo con el Brandon Lee del primer Cuervo. Pero hoy es uno de esos días en los que el cielo bajo el que vivo lo pone todo en discusión. Ayer hacía un calor infernal y, desde esta mañana, lluvia, truenos, viento… un cielo a la altura de los ventanales de los edificios invita solo a escribir y pensar. Seguir leyendo

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10/08/13 Reflexiones # , , , , ,

De todos modos, llegará otra primavera

De todos modos, llegará otra primavera

“Podrán cortar todas las flores
que llegará la primavera aunque les toque los cojones”
Bongo Botrako
Llegará la primavera

No recuerdo la última vez en la que he estado en la condición de saber lo que habría hecho en un futuro a medio plazo. La verdad es que por mucho que lo intente no consigo volver a meterme en la piel de ese Jack, rehacerme con su cabeza, sus ideas, expectativas y perspectivas de entonces. Con respecto a estas últimas, probablemente porque siempre he sido de decisiones de último momento. No decidí si ir o no al instituto hasta unos meses antes de empezarlo; lo mismo pasó con la universidad. Me acuerdo de que estaba en los Estados Unidos y tuve que dar una respuesta a mi madre para que pudiera enviar los papeles de la inscripción: no sabía si matricularme, dónde matricularme y en qué matricularme. ¿La Erasmus?, ¿El máster? Lo mismo: la primera, una decisión del azar y, la segunda, fruto de coincidencias. Ninguna planificación anterior. Con lo que me gusta a mí organizar mí día a día con tablas, calendarios y agendas. Así pues, no recuerdo cómo tenía que haberse sentido ese Yo de finales de septiembre de 2006. Empezar una carrera significaba asegurarse tres años en la misma ciudad, haciendo más o menos las mismas cosas. Lo normal, o eso  supongo que me parecía por aquel entonces. Por eso no me marcó, por eso no lo recuerdo para nada.

Al final, sin que me diera cuenta, algo cambió y ni siquiera me dio tiempo a terminar la carrera en el mismo sitio, en esa Lausana con la que tuve una relación anónima, un poco fría y distante. Un amor que no brotó nunca. Por ello, los últimos dos semestres fui a hacerlos a Salamanca (y ese sí que fue amor del verdadero). Pero pronto llegó la primavera del 2010 y, como hacía cuatro años, tuve que decidir qué hacer; pero a partir de aquel año sí que recuerdo lo que pasó y lo que sentía. El final de la Erasmus se divisaba al final del túnel. Y ¿ahora? ¿Qué es lo siguiente? Me encontré compartiendo deseos y dudas (sobre todo dudas) con un pequeño grupo de amigos. Las opciones sobre la mesa eran muchas, se diga lo que se diga, las alternativas siempre son muchas, solo hay que abrir la mente y no cerrar la puerta a nada. ¿Volver a Lausana para hacer un máster?, ¿Volver a casa de mis padres en Tesino y terminar mi formación de docente?, Tomarme un tiempo para…reflexionar (= viajar). Finalmente, la misma Universidad de Salamanca sacó la primera edición de un máster de literatura. Guay, nos apuntamos. Sí, porque otros, más o menos convencidos, decidieron poner raíces en la ciudad de la Celestina. Entre una clase y una presentación; un botellón y uno pinchos, otra vez se acercó la primavera: época de flores y dudas. Algunos lo tenían claro, otros encontraron su futuro cercano gracias a compañeros, por simpatías y casualidad. Y ¿yo? Pues en lo de siempre: calendarios para el día a día, hojas blancas y vírgenes para el futuro. Con un título en el bolsillo las opciones cambiaron, no eran ni más, ni menos, pero sí diferentes. ¿Me tomo un tiempo para pensarlo?, ¿Empiezo el doctorado?, Otro máster, vuelvo a Suiza… Ese verano, el de 2011, conocí a una persona especial y eso tuvo su peso en la decisión final. Así que venga, que doctorado sea. Tres añitos encerrado en una biblioteca, saliendo solo para meterme en una clase dando alguna charla. Ver reducirse mi vida social a  mínimos históricos. No me lo creía ni yo, pero lo intenté, y otros conmigo. Además, seguía enamorado de la ciudad. Sin embargo, la tranquilidad de tener tres años planificados duró muy poco. Vivía sentimientos contrastantes. Me encanta la literatura, me encanta estudiarla incluso y no me molestaba imaginarme dando clase en algún auditorio, pero la libertad traicionera del doctorado y un tema que no me entusiasmaba me abrieron los ojos: estaba en un callejón sin salida. Otra Salamanca en flor, las mismas dudas y las mismas nubes allá, no tan lejos, en el horizonte de mí vida. Seguí pensándomelo, pero cuantos más viajes, menos ganas de volver a la biblioteca tenía. En mi primer año de tesis estuve en Marruecos, Barcelona, Tenerife, Luxemburgo, Polonia, Bélgica, Cádiz (el único viaje pro doctorado),… Llegó y pasó también el verano.

Otoño 2012. Un semestre de más en Salamanca, dictado por la duda, la amistad y sobre todo el amor. Y luego un cambio de plan. Esta vez la primavera no ha llegado a la orilla del río Tormes, sino bajo la sombra de Sandino. Lejos de libros y bibliotecas universitarias. Estoy dando clase, es cierto, pero en un contexto a millones de años de la paz salmantina. Vivo el caos de Managua. Sin embargo, vivir en un país que no conoce el concepto de primavera no hizo que no llegaran marzo, abril; que las flores brotaran y con ellas las dudas. Ya estamos en mayo y si os contara mis planes para el próximo año (porque sí, mi vida sigue “organizándose” en base al año académico: grosso modo septiembre-junio) vais a pensar que estoy loco. También habrá quien, prisionero de una visión de la vida demasiado tradicional no entienda y etiquete de vago a quien a sus veintiocho años no tiene todavía piso, trabajo estable, coche y perro (porque novia sí tengo, ¿vale?). Pues, confío en que alguien, conocido o no, perdido por el mundo entienda mi forma de enfrentarme a esta vida que, hasta prueba contraria, es una sola y tampoco tan larga.

primavera

Entonces, aunque aquí solo haya dos estaciones, es tiempo de tomar decisiones. Lo que vendrá después del verano se presenta como una aventura de las buenas y no sin unos cuantos temores. El amor, otra vez, me llevará de nuevo a este lado del charco. Abrid Google maps y escribid: Hattiesburg. Lo que os saldrá es un pequeño paralelepípedo gris que no os dirá nada de nada. Si le dais al “menos” a la izquierda, seguiréis perdidos en la nada. Sin embargo Hattiesburg existe. Está en el sur del estado de Misisipi y por ende de los Estados Unidos de América y es sede de la USM – University of Southern Mississippi -. Aquí, Rosana, irá a dar clases como asistente en el departamento de español. ¿Qué pinto yo ahí? Pues, soy su novio, tendré que darle apoyo moral en esta nueva, emocionante y no poco complicada aventura, ¿no? Bromas aparte, asistiré a un curso de inglés durante un tiempo e seguiré intentando ganarme la vida hasta diciembre-enero. Luego, de vuelta a Europa: Turquía, Hungría, Lituania, Polonia, Republica Checa, Portugal o Alemania, todavía no sé. Esta vez a dar clases en un instituto gracias al programa COMENIUS. Este es el plan del próximo año, no está mal, ¿verdad?

Estoy dando clase y viajando. Saco fotos a lugares y personas increíbles, escribo crónicas de viajes y comparto pensamientos en este blog. Conozco a gente nueva, me nutro de sus conocimientos, mientras ellos lo hacen con los míos. Busco continuamente la esencia de esta vida. Más no podría pedir. Me siento realmente bien viviendo en este estado de cambio continuo. Aunque hay que admitir que no es siempre tan fácil como pueda parecer. A veces antes de la decisión del último minuto a uno le da tiempo agobiarse un poco. Alguna vez he envidiado a los amigos que tienen la vida bien enderezada como un tren en su carril, sobre todo cuando el momento de decidir algo para el futuro se acercaba mucho. Pero luego lo pienso y me doy cuenta de que esos solo son momentos de confusión. Lo que necesito yo es precisamente lo que tengo. Estoy en el buen camino, aunque todavía me falten algunas cosas para poder seguir así. Y si algún día cambio de opinión, pues me compraré un perro y me uniré al rebaño.

Estoy sentado en una silla que no acabo de entender si es cómoda o incómoda, en mí casa de los últimos cinco meses. La casa me gusta, la ciudad no. Pero bueno, tampoco puede ser amor a primera vista siempre. 21 de mayo de 2013, llevo 139 días en Nicaragua, trabajando y viajando; me quedan 10. Luego, Colombia, agosto en Suiza, Italia y España, a partir de septiembre en los Estados Unidos y la primera mitad de 2014 de vuelta a Europa. De todos modos, llegará otra primavera con todo lo que comporta. No recuerdo para nada la última vez que tuve el futuro a medio plazo planeado, pero, pensándolo bien, está bien así.

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Jack

Amante de la comida callejera, los autobuses incómodos, las carreteras polvorientas y los colchones en el suelo; amante de todo lo que está al otro lado de la ventana. Amante del mundo y de la buena compañía.

Me llamo Jack y en este espacio virtual comparto emociones reales.

El ojo detrás de la cámara, los dedos que teclean, la mente que, a veces, piensa: todo eso me pertenece; así como los derechos sobre los textos, las fotos y las informaciones publicadas en Libertad Viajera.

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