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Reflexiones

29/06/16 Reflexiones # , , , ,

Decálogo del viajero

Decálogo del viajero

Nuestro vagabundear por el mundo tiene que ser el pegamento entre todas las culturas

 

Viajar es un privilegio de pocos. Moverse de un país a otro como lo hacemos nosotros, por placer personal y, sobre todo, como ocasión de encuentro con el otro, es un don desconocido a la gran mayoría de la población mundial. Por eso, no hay que olvidarse de que quien viaja lo hace porque anteriormente ha tenido la posibilidad de elegir hacerlo, y esto lo convierte en un privilegiado. Seguir leyendo

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29/01/16 Reflexiones # ,

No todos los que me desearon buen viaje estarán ahí cuando vuelva

No todos los que me desearon buen viaje estarán ahí cuando vuelva

Reflexión sobre seguir nuestros sueños

 

Hey tú! Abre tu alma; deja que el Mundo la moldee.

Hace cuatro meses di el primer paso hacia mi gran sueño: un viaje de sola ida alrededor del mundo, una aventura fantástica entre gente, culturas y paisajes.  Seguir leyendo

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02/12/14 Reflexiones # , ,

Reflexión sobre el viaje

Reflexión sobre el viaje

Partir es doloroso. Partir es extraordinario. Es melancolía, es felicidad pura
Andrea Semplici

Bien entrados en el último verano que nunca arrancó de verdad, la ruta me devolvió a mi pueblo natal, en Suiza. Cinco meses a la espalda y en el horizonte otro más antes de volver a salir de viaje. El calor del hogar me confunde y me atrapa y, de vez en cuando, se me olvida que hace nueve años que no paso tanto tiempo en casa. Es también la primera vez desde 2006 que no tengo otra casa, otra rutina. Pero pronto empezará un nuevo viaje y hoy más que nunca reflexiono sobre el sentido del viaje, sobre su fuerza revolucionaria y sobre el atractivo irresistible que ejerce sobre mí. Pienso en el poder curativo implícito en su propia naturaleza.  Seguir leyendo

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18/10/14 + Tips , Reflexiones # , , , , , , ,

Tres formas de ganar dinero viajando

Tres formas de ganar dinero viajando

Viajar, como otras actividades y trabajos, es algo que necesita una preparación previa y un “entrenamiento práctico” continuos. A viajar se aprende viajando. Pero también se aprende “estudiando” a otros viajeros, escuchándolos, leyéndolos o siguiendo sus huellas. En mi cabeza tengo la imagen de una escalera hacia el infinito, de esas de caracol de torres y castillos de la que no ves el final. Cuantas más experiencias tengamos, más escalones subimos. En esta Escalera del viaje cada escalón le reserva a uno algo distinto. Cuanto más alto  queramos llegar, depende solamente de uno mismo.

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18/08/14 Reflexiones # , ,

Mis primeros 1’000 km a dedo

Mis primeros 1’000 km a dedo

Oficialmente no era la primera vez, pero era la primera vez oficial. La primera vez fue en Argentina en 2009, ni recuerdo precisamente donde. El autobús nos dejó al borde de la carretera y un par de quilómetros nos separaban de nuestro destino. Sacamos el dedo al aire sin mucha convicción pero funcionó. Al par de días la escena se repitió: nosotros al borde de una carretera polvorienta, el sol que pegaba duro y pocas ganas de esperar el autobús. Entonces también funcionó. El año pasado en Colombia un taxi nos llevó gratis unos quilómetros más adelante. Estas fueron oficialmente las primeras veces que hice autostop en mi vida, pero no estaban previstas, fueron autostop por pereza, por pereza de andar bajo el sol, por pereza de esperar un bus.

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El primer autostop oficial, o sea, buscado, querido, e, incluso, organizado llegó más tarde, hace poco más de dos meses.

“¿Qué vais a hacer dedo en los Balcanes?” “¡Vosotros estáis locos!” “Y ¿si os roban, raptan, violan, matan?” No tenía ninguna experiencia haciendo dedo, pero había leído las historias de muchos mochileros que viajan de esta manera. A ninguno no le había pasado nunca nada. Nunca-nada. ¿Será posible? ¿Justo nosotros íbamos a topar con los automovilistas violadores y asesinos? Naaaaa… no tenía ni puta idea de lo que era hacer dedo, pero estaba seguro de que nadie nos iba a violar, más bien tenía mucha curiosidad por ver si de verdad montarse en el coche con un desconocido era tan guay como lo pintaban otros viajeros.

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Nuestros pulgares entraron en servicio el seis de junio de 2014. Con un tranvía cruzamos Sofía y después de dos paradas más en autobús llegamos a las afueras de la ciudad. Un pequeño aparcamiento polvoriento al lado de la carretera era el punto que encontramos en hitchwiki.org. Rosana no estaba demasiado convencida – por usar un eufemismo-, yo estaba a cien. Dejamos las mochilas, sacamos la hoja con escrito nuestro destino “SKOPJE”. Tinta roja y una firma con fecha en la esquina; en el fondo también Rosana sabía que iba a ser un día especial. Pulgares apuntando al cielo búlgaro y dos sonrisas de oreja a oreja; no lo habíamos hecho nunca, pero teníamos en la cabeza los consejos de los expertos. El dedo es un símbolo, el cuerpo el mensaje, la mirada la clave. Un coche, dos coches, cinco minutos, diez minutos…trece minutos y paran dos coches, nos zambullimos en el Mercedes negro que para primero. Difícil olvidar el momento en que el tío bajó la ventanilla y me dijo que iba a Skopje. ¡BAM! Nos íbamos a comer los 230 quilómetros del tirón, ni trasbordos ni ostias. Antes de subir se me escapa una mirada a Rosana, un “¡Te lo dije que iba a salir bien!” tácito pero claro como el agua. Pero las sorpresas no habían acabado. Yordan de profesión era futbolista y no violador; era simpático y no intentó vender nuestros órganos en el mercado negro. Yordan no solo nos acompañó hasta Macedonia y no nos robó, sino que en cuanto llegamos a Skopje nos invitó a una parrillada y a un par de cervezas…y suerte que tenía entrenamiento esa misma tarde, si no las cervecitas iban a ser unas cuantas más.

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Mismo viaje, nuevos autostop

Con Jeff cruzamos a Kosovo y un futuro piloto de la aviación montenegrina nos llevó de Budva a Kotor. Dos hippies franceses nos salvaron de un temporal en Kotor y con sus tres perros visitamos Dubrovnik bajo la lluvia. El chef Alec nos acompañó hasta su hotel en Orasac y un hombrecillo que no hablaba inglés –ni español o italiano, alemán, portugués, francés o el dialecto de mi pueblo- nos dejó literalmente en el medio de una autopista cerca de la salida por Opuzen. De Luc y Elodie hablaré en otro post, esta es una chispa de las mías. Con ellos entramos en Bosnia, visitamos Mostar, tomamos cervezas y dormimos en su camper. Dos trabajadores bosnios nos cargaron el maletero de su mini furgoneta llena de arena y nos condujeron a buen paso, cuesta tras cuesta, hasta Sarajevo. Un joven croata me dijo sin problemas que si no hubiera estado Rosana a mi lado no me habría recogido, Miha nos depositó en nuestro último país del viaje, Italia, y desde ahí hacer dedo se nos complicó. Pero conseguimos hacer los últimos –de momento- 170 km en autopista, superando incluso la vergüenza de pedir un pasaje en un autogrill.

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Desde el aeropuerto de Venecia seguimos en tren, es verdad. El tiempo tampoco ayudó, hay que decirlo. Soñaba con entrar en Suiza montado en el coche de un desconocido que me preguntaba por nuestras rutas y nuestras aventuras. Pero creo que 1’057 km, un tercio de todo el Balkans Never Alone, pueden bastar de momento. Poco más de 1’000 km con 13 coches distintos, no hubo robos ni otras tragedias, solo muchas risas, charlas y momentos por recordar. La aventura en autostop acaba de empezar.

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27/05/14 Hungría , Reflexiones # , , ,

“No puede llover para siempre”. De nuevos proyectos e ideas pasadas

“No puede llover para siempre”. De nuevos proyectos e ideas pasadas

“No puede llover para siempre”. Cómo no estar de acuerdo con el Brandon Lee del primer Cuervo. Pero hoy es uno de esos días en los que el cielo bajo el que vivo lo pone todo en discusión. Ayer hacía un calor infernal y, desde esta mañana, lluvia, truenos, viento… un cielo a la altura de los ventanales de los edificios invita solo a escribir y pensar. Seguir leyendo

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05/04/14 Hungría , Reflexiones # , ,

Proyecto Budapest: derrumbemos la ciudad; volvamos a reconstruirla

Proyecto Budapest: derrumbemos la ciudad; volvamos a reconstruirla

Budapest: un privilegio que no quiero desperdiciar

Budapest es considerada una de las capitales europeas con más charme. Y quien haya estado no puede más que confirmarlo. Pocos se despiden de ella decepcionados. Recuerda a Praga y Viena y tiene algo también de Madrid. Pero es única. Seguir leyendo

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03/04/14 Reflexiones # , ,

¿Qué significa libertad? ¡Y ya van 100!

¿Qué significa libertad? ¡Y ya van 100!

Unos días atrás me preguntaron qué significaba para mí el libertad del nombre de mi blog. No es una pregunta fácil esta, todo lo contrario, porque uno corre el riesgo de dejarse llevar por el momento y caer inexorablemente en los clichés. Un clásico, en estos casos, es empezar a soltar una serie de chorradas dignas de un peli romántica de segunda categoría. Puesto que eso es precisamente lo que quiero evitar aquí para empezar entré en la página de la Real Academia y busqué “libertad”, esto es lo que encontré: “Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos. […] Estado o condición de quien no es esclavo. […] Prerrogativa, privilegio […] Dominio o señorío del ánimo sobre las pasiones. Es un inicio, pero todavía no estoy satisfecho. Así que, aquí va mi definición personal de libertad:

Libertad es viajar. Pero esto ya lo sabíamos.

Libertad es comerse una pizza media hora antes de ir al gimnasio.

Es llegar al instituto con una sonrisa, de las de verdad.

Para mí, libertad es entrar en clase estresado o cansado, pero siempre motivado.

Es equivocarse, ser capaces de reírse de los errores (e intentar no volver a cometerlos otra vez).

Libertad es, después de ocho años de convivencias varias, llegar a casa y no encontrar a nadie, A NADIE. Por ende, libertad podría también ser aprovechar de esa soledad para girar en pelotas por casa, pero visto que eso no está entre mis hobbies lo borramos.

Libertad es vivir en una ciudad donde no conozco a nadie. Ir al gimnasio y conocer a gente; ir a tomar algo y conocer a gente, empezar a trabajar y conocer a gente;…

Libertad es salir a tomar una cerveza sin la obligación moral de volver a casa a las 6 de mañana (si pasa…pasa).

Libertad es escribir de viajes, compartir pensamientos, ideas y emociones.

Libertad es decidir qué hacer con mi vida. Es vivir en Suiza, en España, en Nicaragua, en los Estados Unidos, en Hungría.

Libertad es sinónimo de elección. Y aquellos de nosotros, suizos y “primermundistas”, que deciden no elegir y dejarse “enjaular”, pues…que se jodan.

Libertad es también decidir compartir algo con alguien.

Libertad es descubrir un lugar desconocido y empezar a soñar con visitarlo. Y luego visitarlo de verdad.

Libertad es dejarse raptar por los relatos de viajes de otros blogueros. Por los libros o un peliculón.

Libertad es pasar de las espías de Facebook, de las de la CIA y de Justin Bieber (que haga lo que quiera ese niñato, yo sigo escuchando a Sabina, De André, y si me da la gana, incluso a los Pennywise y a los Vomitiors).

El instante que dura el encuentro de dos miradas por la calle, es libertad pura.

Libertad es pegar la cabeza contra la pared, pero hacerlo por algo que nos deje más que una nariz rota y unos rasguños.

Mi libertad es hacer mil planes de viajes, deshacerlos, cambiarlos y volver a armarlos.

Libertad es hacerse un tatuaje sin pensar en cómo será dentro de 20 años.

Libertad es pararse a recordar momentos pasados y reírme solo. Bueno, eso también porque vivo solo. J Y es pensar: “cómo habría sido si…”

Ser libres no quiere decir ser invencibles; libertad es también tener unos límites, intentar ser consciente de ellos y convivir con ellos.

Libertad es volver a vivir mis viajes a través de mis fotos.

He aprendido que menos me quejo más libre me siento. Así que, si la matemática no es una opinión: libertad ≠ quejas y, + libertad = – quejas. Esto no quiere decir que no me enfade nunca o que algo no me pueda molestar. Simplemente me empeño más en encontrar una solución que en quejarme.

Ahora que lo pienso, ese libertad del blog me suena mucho a felicidad

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30/03/14 Reflexiones #

Mi ciudad es lo último que visito

Mi ciudad es lo último que visito

¿Por qué será que las ciudades en las que vivo son la que más me cuesta describir? ¿Por qué mi ciudad es lo último que visito?Y no es solo eso, a veces son incluso las que peor visito. La primera vez que me di cuenta de esto fue en San Diego. Después de tres meses en la ciudad había quizá aprendido inglés, pero desde luego no conocía la mayoría de los sitios de interés que habría tenido que visitar. Volví a San Diego hace poco y después de menos de una semana me fui con la sensación de por fin conocerla un poco. Pero no siempre podemos volver. No siempre tenemos la suerte de volver a pisar los mismos recorridos una segunda vez. Lo mismo me pasó en Lausanne durante la universidad y volvió a repetirse en Managua el año pasado. La única excepción, hasta ahora, ha sido Salamanca. Ahora, en Eger, tengo la impresión de que la historia se repita. Llevo tres meses en esta ciudad pequeña-pueblo grande y ayer entré por primera vez en la enorme Basílica.

Mi ciudad

No sé por qué tengo la sensación de irme de los lugares en los que más tiempo he vivido sin haberlos realmente conocido, pero tengo claro por qué no los visito como debería. Pereza. Pereza y otro concepto central en la cultura hispana a la que a veces me parece pertenecer: mañana. ¿Por qué hacer hoy lo que puedo hacer mañana? Por ello, después de un día de clase me quedo en casa a ver una peli o como mucho me voy un rato al gimnasio o a tomar algo. ¿El parque súper bonito? ¿El espectacular faro que domina el Océano? No hay prisa, no se van a mover de ahí, iré mañana. El problema es que el parque y el faro no se van a mover de ahí, pero yo sí. Así llega fatalmente el día en que mi “mañana” ya no será aquí, sino en otro allí.

Mi ciudad

Sin embargo, si lo pienso bien no es cierto que me vaya de estos lugares sin conocerlos en absoluto. El ritmo de los meses, o incluso años, de mis estancias nunca está marcado por el mero turismo: estudiar un idioma, ir a la universidad o dar clases son las supuestas prioridades. Esto me lleva a conocer rasgos del sitio muy peculiares, nunca turísticos. En lugar de conocer un conjunto de la ciudad, doy con pequeños matices de la realidad local menos llamativos: la rutina en una calle del mercado que cruzo todos los días, los sonidos de una esquina, un autobús que me permite familiarizarme con los rostros de la gente, los chillidos incomprensibles de los vecinos, un bar. Así, la plaza que me recuerda Managua es la que queda al lado de mi trabajo y no la más grande, más bonita y más conocida. El barrio en el que mejor me muevo en Eger no es el casco histórico, sino el de mi casa, periférico y anónimo. Al fin y al cabo, a veces soy un poco duro conmigo mismo y, pensándolo bien, cuando me voy de algún lugar lo conozco más de lo que creo. Quizá solo diferentemente de lo que pienso. Y aunque es verdad que debería aprender a adelantar las horas de mis casi siempre hipotéticos mañanas a hoy, yo sé que vine, quizá no lo vi todo, pero desde luego lo viví.

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03/03/14 España , Reflexiones # , ,

S de “Salamanca”. Boli en una mano, corazón en la otra

S de “Salamanca”. Boli en una mano, corazón en la otra

Para Salamanca, claro;
y para todos los actores que se subieron al escenario salmantino entre el 3 de enero de 2009 y el 24 de diciembre de 2012.
Gracias.

Echo de menos Salamanca. No hay nada que hacer, a veces, cuando desconecto de todo lo que me rodea, simplemente vuelvo ahí con la mente. Nada en concreto me recuerda a mi ciudad ocre. O, mejor dicho, cada vez es un recuerdo distinto, un momento, una persona, una ráfaga de viento que humedece los ojos y contrae el corazón. Salamanca se me presenta como una visión. Y soy feliz. No es que no lo sea en el día a día, pero existen pocas cosas que me provocan tantas emociones. Los viajes son mi realidad de sueño; salir a la calle de una ciudad desconocida me electrifica; la Juve me exalta. Todo esto me hace feliz días tras día. Pensar en Salamanca me calma y me hace latir el corazón al mismo tiempo.

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Algunos pensarán que la tengo un poco idealizada. Yo estoy seguro de que no es cierto, porque ahí también pasé momentos malos y tristes y eso no se me olvida. Pero esas son heridas pasadas y cicatrizadas, nada comparado con los recuerdos de calle Méjico 12, de la escalera de Anaya, de las fiestas en Varillas, del pequeño gimnasio y del cruzar la Plaza Mayor. Adoraba cruzar esa plaza. Otra plaza, la del oeste, representa amores rotos y actuales, peleas, gozos y más fiestas. Acabo de leer que la Plaza del Oeste se está llenando de arte callejera (en pacífica protesta contra el cierre de tiendas en quiebra). Escribo y los lugares de mi Salamanca se pelean para ganarse un sitio en esta entrada. Fonseca, los Jesuitas, el Tormes, Canalejas, el Pani,… y habría más; cómo no. Sin embargo, todo eso no sería tan perfecto si no los hubiera compartido con personas y amigos igual de especiales. Actores protagonistas, comparsas de unas horas, guías, ejemplos, personas genuinas con las que una y otra vez he quedado por mil razones debajo del reloj. Hacer nombre serviría solo para olvidarme de algunos, por eso paso. Los que se sienten parte de este post tendrán una razón suficiente para merecer este homenaje y mis gracias susurrado a través del  2.0.

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Echo de menos  los veranos de Salamanca. La ciudad se vacía, los estudiantes se van, los erasmus vuelven a sus países, los bares y las vías se callan. Vivir Salamanca en verano ha sido mi consagración, me ha hecho pertenecer definitivamente a ella. La ciudad universitaria se vuelve pueblo y da igual que no sea mi pueblo natal, desde entonces, desde el primer verano, ya era también mi pueblo (y mi ciudad). Me delataba la piel de guiri quemada por el sol de la meseta, me delataba el nombre, pero daba igual, en Salamanca me sentía un salmantino más, aunque fuera de adopción. Nunca había pasado eso, nunca ha vuelto a pasar hasta ahora. ¿Cómo no echar de menos  tu casa?

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Dejé la ciudad una fría mañana de diciembre, cumplía 28 años ese día y la resaca de la última fiesta anestesiaba sentimientos y sentido común. Apagaba un poco el sufrimiento. O, quizá, entonces como ahora, la ciudad ya me relajaba, incluso en los momentos peores. Así, Salamanca me hacía entender que el momento de decirnos adiós había llegado, ese era el momento justo. Simplemente me sugería que todo tarde o temprano termina. Lo malo, lo bueno y lo genial. Ha pasado poco más de un año desde aquella mañana de invierno, hace unos seis meses tenía los billetes para volver, estaba listo, creo, para volver a llenarme los ojos de la inmensidad de su figura a orillas de río Tormes. Tenía los billetes, pero la cagué y no fui; las bromas del jodido karma. Quiero volver, pero mi agenda está petada de nombres de ciudades y países, otras ciudades y otros países. Además, seré sincero, tengo un poco de miedo, y ¿si al volver a pasear por calle Compañía todos esos años me atropellan como un tsunami mental? Si eso pasa, ¿vendrá la misma Salamanca en mi ayuda para calmarme? ¿Sabrá Salamanca hacerme feliz, otra vez?

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Jack

Amante de la comida callejera, los autobuses incómodos, las carreteras polvorientas y los colchones en el suelo; amante de todo lo que está al otro lado de la ventana. Amante del mundo y de la buena compañía.

Me llamo Jack y en este espacio virtual comparto emociones reales.

El ojo detrás de la cámara, los dedos que teclean, la mente que, a veces, piensa: todo eso me pertenece; así como los derechos sobre los textos, las fotos y las informaciones publicadas en Libertad Viajera.

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