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agosto 24, 2016 at 8:11 pm

Irán: El arte del taarof

Irán: El arte del taarof

Malentendidos y meteduras de pata persas

 

Premisa: ¿sabéis esa sensación de tener que explicar algo que tú mismo tampoco has pillado del todo a alguien que no sabe nada del tema? Yo vivía en ese estado mental cada vez que tenía que hacer una presentación delante de la clase. Pues bien, hoy hablamos del t’aarof, un tema muy complicado que espero haber conseguido explicaros mejor que en mis años de estudiante. Buena lectura.

“Donde fueres, haz lo que vieres” dice el proverbio. Y si es cierto que descubrir lo diferente de los países que visitamos es una de las experiencias mejores del viaje, es también verdad que a veces las diferencias culturales son tan grandes que nos ponen en situaciones ligeramente embarazosas, para usar un eufemismo. El t’aarof, todo un arte en Irán, es una de esas etiquetas culturales que, normalmente, dejan al viajero occidental completamente desubicado.

A menudo, nuestra condición especial de extranjeros super partes nos exime de seguir algunas costumbres de la vida cotidiana que la gente local tiene que respetar o, simplemente, sigue porque forman parte de su cultura. Saludar de una forma concreta, llevar cierto tipo de ropa, usar una mano en lugar de la otra, etc. Sin embargo, el hecho de no pertenecer a una determinada cultura no siempre justifica nuestros actos. Y, por ello, es fundamental intentar sumergirnos lo máximo posible en la realidad local.

De Irán todavía no se lee muchísimo y el saber sobre la cultura persa y la realidad del día a día en el país siguen siendo tesoro de unos pocos. Por ello, los primeros días que pasé allí fueron para mí un tropezar continuo con las normas culturales. Mi peor enemigo, fue sin duda el t’aarof, que, como decía al principio, es un elemento muy característico de la vida iraní. Hace poco, leí en un artículo que el t’aarof era el arte de la amabilidad y humildad excesiva y en un cierto sentido la definición es correcta. Se trata, fundamentalmente, de tratar al huésped (o al cliente, etc.) mejor que a ti mismo o a tu familia. Dar la sensación de que me mataría por ti, aunque sepamos los dos que no lo haría. El problema es que, a los ojos de un occidental, esta competencia de humildad puede parecer hipócrita e, incluso, frustrante. De hecho, yo recuerdo suplicar a mis hosts para que dejaran de hacer t’aarof conmigo porque era demasiado estresante intentar entender qué era lo que realmente querían decirme. ¿Querrán de verdad que vaya a comer a su casa? ¿Me estarán invitando realmente a un té? ¿De verdad están contentos si me quedo un par de noches más? Ciertas dinámicas las haces tuyas con el paso del tiempo y de la mano de la confianza en ti mismo crece también la confianza hacia el contexto en el que te mueves.

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Pero, ¿qué es este t’aarof?

El t’aarof es un juego social de las partes entre quien ofrece algo y quien lo recibe. Pongamos un ejemplo. A la hora de pagar tu carrera en taxi, el conductor rechazará casi seguramente tu dinero. Te dirá algo en plan “no es nada” o “esta vez invito yo”. ¿Qué significa eso? ¿Que el taxi es gratis en Irán? ¿Qué le caíste bien al conductor? Pues no, lo siento, solo ha empezado tu primer vis-à-vis de t’aarof. Tú le ofreces el dinero al taxista y él no lo quiere; se lo vuelves a ofrecer y él volverá a decir que no; volverás a intentar pagar por tercera vez y, finalmente, él acepará el dinero. La situación clásica que se presenta es exactamente la que acabamos de ver. Si alguien te ofrece algo, es buena costumbre rechazarlo hasta tres veces antes de aceptarlo (en el caso que lo quieras aceptar, claro). Otro ejemplo, estás comiendo y tu anfitrión te pregunta si quieres más comida. No te dejes engañar por el hambre y ten mucho cuidado con tu respuesta. Aunque desees desesperadamente ese trozo más de kebab la respuesta correcta es: “no, gracias”. Cuando la oferta-rechazo sea llevada a cabo tres veces, entonces las dos partes empezarán a “negociar” de verdad, la oferta se podrá considerar real y tu respuesta podrá ser sincera.

Evidentemente, entre iraníes el t’aarof funciona sin muchos problemas, pero para un extranjero puede acabar siendo muy agobiante. Sobre todo, porque me doy cuenta de que desde que viajo he aprendido a aceptar rápidamente lo que la gente me ofrece (tengo mi personal t’aarof al revés).

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Caso práctico #1. En una cafetería de Tabriz

Con mis hosts y un grupo de amigos vamos a comer algo a una cafetería. Resulta que uno de los chicos del grupo trabaja en la cafetería y es el que nos atiende. Cuando llega el momento de pagar cada uno va a la caja para saldar su deuda. Yo voy último y cuando le pregunta al camarero/chico del grupo cuánto le debía este me dice: “Nothing, Jack. Please be my guest!” Al que yo saco el dinero del bolsillo e insisto: “C’mon, tell me how much is it!” Y él: “No, Jack. It was great to meet you, please be my guest!” Yo ya no sabía qué hacer, no me parecía bien que me invitara él, pero tampoco le iba a insistir hasta la muerte. Cuando iba a volver a guardar mi dinero y le estaba dando las gracias contento él, de forma totalmente natural, me remata: “It’s 90’000.” Y me coge el dinero de las manos. Yo me quedé muerto, luego quise desaparecer y seguramente me puse rojísimo. Era mi primer día en Irán y acababa de tener mi primera experiencia de t’aarof. El tío en ningún momento quiso realmente pagarme la comida, simplemente estaba siendo excesivamente amable, estaba haciendo su papel en este juego cultural.

 taarof iran

 

Caso práctico #2. En un taxi hacia Palangan

En Irán, como en otros países, es normal compartir taxi con desconocidos. Eso mismo estaba haciendo un día que me fui de excursión a un pueblito encajado en una montaña en el Kurdistán iraní. Yo iba delante, y detrás tenía a una familia, padre, madre y un hijo pequeño. En el rato que estuvimos juntos en el taxi solo tuvimos una conversación súper básica en plan: de dónde vienes y cómo te llamas. Cuando llegamos a la puerta de casa de la familia, en un pueblo a unos pocos km de mi destino, el padre me invita a entrar y a comer algo con ellos. Yo en un primer momento agradezco, pero rechazo la invitación. Entones el padre insiste y, con él, se suma al coro también el tío del taxi. En ese momento cojo mi mochila y me bajo del taxi. La familia baja del taxi, se mete en casa y cierra la puerta sin volver a hacerme ni puñetero caso. Cuando me encontré solo de pie con mi mochila en mano y la puerta del taxi abierta me di cuenta: ¡me acababan de t’aarofear (perdonad el neologismo) de nuevo! El padre en ningún momento quiso invitarme a su casa y yo acepté su falsa invitación demasiado pronto.

taarof irán

 

Estos son dos claros casos t’aarof en los que me di cuenta (aunque después de que todo pasara), pero me he preguntado muchas veces en cuántas otras ocasiones habré aceptado cosas que habría tenido que rechazar. Los iraníes son gente genuinamente hospitalaria y es muy difícil darse cuenta de cuando te están ofreciendo algo de verdad y cuándo lo hacen por compromiso cultural.

Pienso en el hombre de negocios que pagó el taxi que compartimos de la frontera a Tabriz y que luego me pagó otro y se aseguró con el conductor de que me llevara hasta casa de mis hosts. Pienso en el señor Ali que cuando me vio haciendo dedo no solo hizo parar el taxi en el que iba, sino que no quiso nada de dinero e, incluso, me invitó a comer (mientras que él ni siquiera comió). Pienso en Behard que me pagó hasta las entradas a los museos y a mi host en Tabriz que me pagó la entrada a la mezquita y el tranvía. Pienso en el hombrecillo del bigote que no aceptó mi dinero por unos dátiles. Se me vienen a la cabeza muchos momentos así, pero al mismo tiempo, estoy casi seguro de que esos fueron gestos sinceros que iban más allá de cualquier etiqueta cultural. Eran los gestos que caracterizan a la gente de Irán y la hacen tan especial frente al resto del mundo.

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4 thoughts on “Irán: El arte del taarof

  1. Ana dice:

    jajaja me ha encantado el post y los casos prácticos! Está bien saber esto para ir preparada y no abusar de la hospitalidad iraní 🙂

    1. Jack dice:

      Hola Ana 🙂 La verdad es que es muuuuy complicado no dejarse llevar y aprovechar de la hospitalidad persa. 😛
      Gracias por pasarte a echar un vistazo!
      un abrazo

  2. Fernando Delgado Sánchez dice:

    Qué buena lectura, muchas gracias por compartir. Espero poder darme cuenta de esto cuando viaje a Irán. 😀

    1. Jack dice:

      Hola Fernando! Gracias por tu mensaje y no te preocupes tendrás tantas muestras de tarof que al final no podrás no darte cuenta 😀

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Jack

Amante de la comida callejera, los autobuses incómodos, las carreteras polvorientas y los colchones en el suelo; amante de todo lo que está al otro lado de la ventana. Amante del mundo y de la buena compañía.

Me llamo Jack y en este espacio virtual comparto emociones reales.

El ojo detrás de la cámara, los dedos que teclean, la mente que, a veces, piensa: todo eso me pertenece; así como los derechos sobre los textos, las fotos y las informaciones publicadas en Libertad Viajera.

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