Share with your friends










Enviar
  • es
  • it
noviembre 11, 2015 at 11:00 am

Turquía: la segunda vez es la buena

Turquía: la segunda vez es la buena

El segundo intento es el bueno. Aunque esta teoría no se pueda aplicar con absoluta seguridad, en mi relación con Turquía fue exactamente así. Mi primera toma de contacto fue positiva, pero no me dejó todo lo que me esperaba y todo lo que pretendía de su ciudad clave, su tarjeta de visita, Estambul. 

Así que volví. Esta vez salté Estambul, salté todo el oeste y volé a Konya. ¿Konya? Pues, yo tampoco no tenía ni idea de dónde fuera. Resulta que en esta ciudad, centro religioso turco en el que incluso las niñas pequeñas llevan hijab –quizás también como prenda de moda, más que por creencia personal-, nacieron los Derviches. Esta orden religiosa se conoce en todo el mundo, o casi, por su danza rotatoria y fascinante. Conocía algo de los Derviches y gracias a ellos llegué a su ciudad. Y ahí empezó mi nueva aventura.

Esta vez Turquía me gustó, me encantó, me enamoró. A cambio me pidió parte de mi alma, de mi ser. Por ello, dejé en cada casa en la que dormí lo mejor de mi persona, dejé en cada conversación respeto hacia el otro y sus opiniones; dejé en cada abrazo todo mi agradecimiento hacia los turcos, los kurdos, los árabes que crucé a lo largo del camino. Parte de mí sigue por esas tierras, parte de esas tierras ahora me pertenece.

Qué ver en Turquía: mi recorrido rumbo al este

Estambul

monumentos-7

La antigua Constantinopla, capital del Imperio Romano de Oriente, no forma parte de este viaje en Turquía ya que la visité hace más de un año. ¿Qué decir que no se haya dicho ya sobre ella? Antes que nada, que a mí no me dejó boquiabierto como al 99,9% de los que pasan por sus bazares. Tiene monumentos impresionantes y barrios en los que se respira aire de oriente, de eso no cabe duda. Sin embargo, me esperaba algo más lejano, menos turístico, más auténtico. Quizás los proclamas de amigos y conocidos que la visitaron antes que yo acrecieron demasiado mis expectativas. Lo que es cierto es que después de casi una semana me fui un poco decepcionado.

Konya

_DSC0079

Lo que buscaba en Konya – ciudad conocida por ser de las más conservadora y religiosa del país- eran los Derviches. Y los encontré en la última noche del Mystic Music Festival. La orden de los Derviches fue fundada por Rumi alrededor del siglo 12 y su característica más famosa es la peculiar danza con la que los adeptos crean una conexión entre lo terrenal y lo divino. Unas volteretas que hipnotizan y atrapan. Algo imperdible. El resto de la ciudad se deja visitar sin pena ni gloria. A nivel más práctico, es una buena parada entre los más turísticos Pamukkale y la Capadocia.

Capadocia (Göreme, Ürgüp, Avanos, Derinkuyu,…)

_DSC0164

¿Quién no ha oído hablar alguna vez de esta región en el centro de Turquía? ¿Quién no ha visto al menos una foto de los globos de aire caliente que fluctúan en el cielo encima de los caminos de hadas, de los enormes falos de piedra y de los bonitos valles circunstantes? No es difícil evitar las masas en Göreme –el pueblo más turístico de la zona-, solo hay que tomar algún camino de rocas y polvo y alejarse durante unas horas (o unos días) de las tiendas para turistas del pueblo. Hacen falta al menos 5 días para disfrutar de esta mágica región ya que hay cuevas, valles áridos, pueblos antiguos, miradores, ciudades subterráneas y atardeceres de postal. El espectáculo onírico de los globos parados en el aire no se irá de vuestros ojos durante años.

Mersin

_DSC0282

Mersin no estaba en mi plan original, pero la preferí a Adana para partir en dos los más de 600 km que me separaban de mi destino número uno en Turquía: Mardin. Mi estancia fue demasiado breve para poder dar un juico sobre la ciudad, pero tengo la sensación de no haberme perdido mucho. Hay playa, pero vi solo el malecón, hay bazar y ciudad vieja, pero solo los crucé en coche, y hay una parte moderna e impersonal, que  “desgraciadamente” fue lo que más viví de Mersin. Que conste que, a pesar de todo, fue en un pequeño restaurante local donde comí el mejor polo de mi vida.

Gaziantep

_DSC0343

Otra parada improvisada. Entré en Kurdistán por Gaziantep -o Antep-, y la ciudad me sorprendió positivamente. El ambiente en el mercado que surge casi espontaneo cada viernes es una de las fotografías más auténticas de mi Turquía junto con los herreros que trabajaban en las pequeñas tiendas del souq. Parte de la ciudad vieja de Gaziantep conserva aquella historia que la nueva (y la vieja) Turquía quieren reescribir, la historia de los armenios. Sus elegantes casa siguen ahí, y aunque los nuevos dueños a menudo “se equivocan” diciendo que esas son antiguas casas turcas nosotros sabemos que no es así. Aquí entré por primera vez en casa de una familia kurda, comer su rica comida y escuchar su música.

En fin, no olvidaré nunca el rato que pasé tirado en un césped con los niños sirios que antes me tiraban piedras y se escondían para llamar mi atención, y luego me enseñaron sus cochecitos de lata y sacaron fotos con mi cámara.

Mardin y Midyat

_DSC0449

Oh, ¡Mardin! Este sí que fue un destino buscado. En una época en la que los consulados desaconsejan viajar por estas tierras a causa de la guerra entre los guerrilleros del PKK y el ejército turco, yo encontré solo brazos abiertos y sonrisas de gente cansada y orgullosa.

Mardin sale de la mera roca de la montaña y se somete al castillo que la domina. En las pequeñas tiendas se sigue trabajando la plata como un tiempo y en las casas bajas es posible encontrarse con artistas y pequeñas salas de té. Desde la muralla del castillo se puede hasta donde la llanura encuentra a Siria.

A pocos km de Mardin surge otra ciudad de piedra, Midyat, aún más pequeña, aún más fotogénica y bonita. En Midyat solo fui a pasar el día, pero me encantó pasear por sus calles vacías y silenciosas.

Erzurum

_DSC0504

Ciudad de paso, parada fugaz. Erzurum para mí es “solo” una divertida noche gracias a mis hosts. De la ciudad no vi nada en absoluto, llegué casi de noche y me fui de mañana. Los chicos que me hospedaron la consideran fea y sin nada que hacer, quizás tienen razón, quizás el viajero le encuentre algo tan solo con observar la vida cotidiana de una cultura ajena a la suya.

Trabzon

Iba para ver el Monasterio de Sümela y el Lago Uzungöl, pero no fui a ninguno de los dos. El Lago queda a unos 100 km de la ciudad y el monasterio está cerrado por restauros… Así que pasé un par de días en el centro, echando de menos al ambiente kurdo. La verdad es que Trabzon no me pareció gran cosa. No me dejó mucho quizás porque venía del sur, del calor – meteorológico y humano-, de los espacios abiertos, las montañas  y el color beige. Así es, Trabzon está rodeada de colinas verdes que merecen ser vistas, pero hacía dentro, me pareció demasiado vacía.

Todavía no estáis convencidos? Echadle un ojo a las mejores fotos de mis días en Turquía!
Share with your friends










Enviar
0 likes Turquía # , , , , , ,
¿Te unes a Libertad Viajera?

Únete al newsletter y recibe un regalo cada 15 días

Psst! Recuerda confirmar tu suscripción con el mail que te acabo de enviar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Jack

Amante de la comida callejera, los autobuses incómodos, las carreteras polvorientas y los colchones en el suelo; amante de todo lo que está al otro lado de la ventana. Amante del mundo y de la buena compañía.

Me llamo Jack y en este espacio virtual comparto emociones reales.

El ojo detrás de la cámara, los dedos que teclean, la mente que, a veces, piensa: todo eso me pertenece; así como los derechos sobre los textos, las fotos y las informaciones publicadas en Libertad Viajera.

¿Te unes a Libertad Viajera?

Recibe las últimas actualizaciones de Libertad Viajera directamente al correo y sigue viajando conmigo. Solo tienes que rellenar el formulario de aquí abajo. Cada 15 días habrá una sorpresa esperándote

Psst! Recuerda confirmar tu suscripción con el mail que te acabo de enviar

ESTE BLOG PARTICIPA EN
La Comunidad Viajera