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Noviembre 17, 2014 at 7:00 pm

La yugo-nostalgia: esa curiosa melancolía por una dictadura distinta

La yugo-nostalgia: esa curiosa melancolía por una dictadura distinta

“Seis estados, cinco naciones, cuatro idiomas, tres religiones, dos alfabetos y un solo líder”

En nuestro paso por los Balcanes hemos cruzado fronteras que hasta hace uno 20 años no existían. Países que en los noventa se masacraban entre ellos como consecuencia del ocaso de un sueño común; un sueño que ya no todos compartían: la antigua Yugoslavia.

Macedonia, Kosovo, Montenegro, Bosnia-Herzegovina, Croacia, Eslovenia y, sobre todo, Serbia (país que nosotros no visitamos) son hoy países independientes, pero entre 1945 y 1992 formaron la República Socialista Federal de Yugoslavia, encabezada por Josip Broz, el Mariscal Tito. Viajando por los países balcánicos, no son las fronteras que ahora dividen estos países lo que más choca en relación a la antigua Yugoslavia, más bien es el hecho de que esas separaciones físicas construidas ad hoc por el hombre hace relativamente poco tiempo no existieran. Lo que choca es pensar que países que comparten los mismos progenitores, pero también tan distintos en relación a  tantos aspectos pudieran un tiempo vivir bajo el mismo escudo. Aún más increíble es que, a relativa poca distancia de la guerra fratricida de 1991-1995, exista hoy en día un sentimiento de nostalgia hacia Yugoslavia y su dictador: la yugo-nostalgia. Tito, que es un héroe hecho y derecho según sus secuaces, es considerado incluso por aquellos que no lo veneran un dictador socialista distinto de los otros que conoció la Historia, un dictador que trabajaba de verdad para su pueblo. En fin, los logros de Tito y la unidad que consiguió toman proporciones titánicas si se analizan las diferencias principales entre las repúblicas que constituían su Yugoslavia: la religión, la economía, la lengua (y el alfabeto).

Ella también sufrirá de yugo-nostalgia?

La religión: este es quizá el rasgo que provocó las heridas más profundas durante la guerra. Por ello, la convivencia pacífica entre musulmanes, católicos y ortodoxos que se alcanzó bajo Tito, tiene un valor aún más impresionante. Cuando el mariscal dejó este mundo y los partidos nacionalistas tomaron su lugar en el corazón de la gente, las diferencias religiosas volvieron a ser un problema.

La economía: el turismo en las costas croatas y las empresas situadas, sobre todo, en Eslovenia. Cuando el juguete yugoslavo empezó a quebrarse, las diferentes situaciones económicas de las repúblicas ayudaron a ensanchar la grieta. A croatas y eslovenos no les gustaba la repartición muy poco igualitaria de la riqueza llevada adelante por Tito. El hecho de que las empresas eslovenas producían y las cajas serbias se llenaban fue uno de los generadores de insatisfacción que impulsó a la población de las dos repúblicas a declararse independiente en 1991.

La lengua: en cuatro de los países se habla serbo-croata (Serbia, Montenegro, Kosovo, Bosnia-Herzegovina y Croacia), en uno de ellos el idioma oficial es el esloveno, en otro el macedonio y, además, el albanés sigue siendo muy común. Durante los años de vida de Yugoslavia los primeros dos eran idiomas oficiales y los otros comúnmente hablados. Y por si fuera poco,  el alfabeto: las repúblicas no compartían ni siquiera el mismo sistema alfabético. Aunque el alfabeto latino se usa en la mayoría del territorio, no hay que sorprenderse si paseando por Macedonia los carteles estén en cirílico.

Gente de Skopje

Muchas diferencias que durante casi cuarenta años el mariscal Tito consiguió borrar llegando incluso a generar en croatas, serbios, macedonios, eslovenos, kosovares y montenegrinos un sentimiento común de igualdad social: el ser yugoslavo, que estaba por encima de todo lo demás. Este fue el grandísimo resultado de Tito y hoy en día, más de treinta años después de su muerte, el titoismo está reviviendo una nueva primavera. El dato más sugestivo es que la yugo-nostalgia no se respira  solo entre aquellos que vivieron la Yugoslavia, sino que es común también entre los más jóvenes. Entonces, ya no es raro encontrar el Broz Kafe en el centro de Skopje y las fotos de Tito muy presentes en otras ciudades pierden su valor de reliquia turística para cobrar el de más auténtica veneración popular presente.

Sin embargo, según algunos, hay que tener cuidado con las reminiscencias nostálgicas y antes de sacarle brillo a una dictadura – por distinta y social que pueda haber sido- habría que ir a buscar las verdaderas raíces de la yugo-nostalgia en la situación actual de los países balcánicos: una crisis económica permanente sumada a la total desconfianza hacia una clase política corrupta y a una fuerte inseguridad general que obliga a gran parte de la población a luchar para sobrevivir. Esto nos sugiere que, tal vez, más que añorar al titoismo en sí, lo que las nuevas generaciones hacen es idealizar un pasado que visto desde nuestros días difícilmente puede haber sido peor que el presente. En fin, aunque la yugo-nostalgia no afecte a todo el mundo, es verdad que a tres décadas de la muerte de Tito son muchos los que afirman con ojos tristes: “antes estábamos mejor.”

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2 thoughts on “La yugo-nostalgia: esa curiosa melancolía por una dictadura distinta

  1. bbec dice:

    Estoy en Sarajevo estos días, ciudad en la que viví hace unos años, y sintiendo la yugostalgija que la gente de esta región me ha hecho sentir desde hace años!!! Muy bien contado todo!

    1. Jack dice:

      Hola! Qué bien, Sarajevo transpira historia y vida! Me alegro de que puedas confirmar mis palabras. 🙂 La yugo-nostalgia está bien arraigada en la cultura balcánica, para bueno o para malo.
      un abrazo y gracias por pasarte!

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Jack

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