Share with your friends










Enviar
  • es
  • it
febrero 24, 2014 at 10:00 am

Szeged: las mariposas han vuelto a volar

Szeged: las mariposas han vuelto a volar

Los Dropkick Murphys cantan “It’s the end of the night. But we ain’t goin’ home…”. Las gaitas irlandesas me acompañan y abrigan en la negra madrugada, mientras edificios y farolas crean un mundo subterráneo  en los charcos; legado de la noche anterior. Los esquivo -más para no caer en ese mundo, que para evitar mojarme-. Mi cabeza todavía necesita un rato para despertarse. Me esperan seis horas de autobús. El viaje ha empezado.
Yo, mis pasos y mis pensamientos
Széchény utca, Eger

Se acabó el letargo invernal. Volvieron las mariposas. No las de colores que llenan los parques en primavera, todavía hace demasiado frío por estas landas, sino las otras, las que más me gustan. Mariposas invisibles que llenan el estómago antes (y durante) cada viaje. Pero qué digo, con el estómago me quedo corto, las mías me llenan de los pies a la cabeza. Asesinas de rutinas; portadoras de libertad. Después de cinco semanas de asentamiento, volví a vivir la sensación de no poder dormir por los nervios, de madrugar, cargar la mochila y buscar el andén de la felicidad. De la mano del el primer fin de semana largo vino la primera invitación a conocer Hungría. La primera etapa de esta nueva aventura ha sido Szeged, conocida ciudad universitaria a un escupitajo de Serbia y Rumanía, en el sur del país.

_DSC0043 _DSC0174

Me encanta leer, y me gusta leer de viajes. No obstante, no soy partidario de los relatos de viaje viajando. Suelo seguir metafóricamente los pasos del autor, intentando percibir emociones, colores y olores de los lugares que describe. Formar parte de su viaje es consecuencia normal de sus palabras. El problema es que esto produce una redundancia literaria-real que me impide vivir y percibir emociones, colores y olores de lo que estoy viviendo en ese momento concreto. Mi viaje se pierde en el del viajero de turno. Y esto no puede ser. Sin embargo, siempre hay excepciones que confirman la regla. Caminos invisibles ha sido la excepción del viaje en bus hasta Szeged. Del libro hablaré más y mejor cuando lo termine, pero el otro día los relatos  de Laura Lazzarino y Juan Pablo Villarino por Sudamérica no solo no interfirieron con el curso natural de mi viaje, sino que consiguieron llenar con sus hazañas en la Antártida el vacío de la Gran Llanura húngara. Paradójicamente, la monotonía espectacular y única de esa tierra de hielo –igual de vacía, diversamente vacía- ha colmado los  campos grises rumbo a mi sur. Emociones casi palpables dieron color al lloviznoso paisaje que atravesaba con exagerada lentitud.

_DSC0057 _DSC0053

Paradójicamente la “ciudad” tiene cada vez menos importancia en mis viajes

Szeged me da la bienvenida con el cielo blanco de los días de lluvia; el peor enemigo de mi Nikon. Pero antes de salir a pasear me espera un rico almuerzo en casa de una amiga. Otra vez, antes de enfrentarme a la belleza monumental de un lugar, me encuentro en la placentera situación de conocer a su gente,  disfrutar de su solidaridad y de su compañía. Me alimento primero de la Szeged humana (y gastronómica) y solo en segundo momento de la arquitectónica. Este es un matiz de mis viajes que tiene cada vez más importancia. Paradójicamente, me preocupa casi pensar a dónde podría llegar esto: ¿un día me dará igual visitar un lugar por sí mismo y me importará solo la gente con la que me cruce a lo largo del camino? No sé, de momento sigo pensando que también el destino cuenta. Callejones, iglesias y puntos panorámicos no deberían faltar.

_DSC0130 _DSC0150

Afortunadamente no llegará nunca a llover durante mi estancia y el segundo día visitamos la ciudad bajo un sol primaveral. Todavía me sorprende como puede cambiar un lugar dependiendo del clima. Frío y calor; sol y lluvia; noche y día. Todos binomios necesarios. Desde el primer vistazo, el estilo secesionista de los edificios me rapta. Palacio Gróf y Palacio Reök solo son dos de los muchos ejemplos. El color pastel de las casas. Esos verdes, azules y rosa opacos, me recuerdan por contraste a los colores encendidos de algunos pueblos latinoamericanos. Szeged no tiene prácticamente ningún edificio anterior a 1900 a causa de la histórica lucha de la ciudad contra los caprichos del río Tisza. Después de tantas inundaciones la población está todavía buscando una solución definitiva al problema. La última a fecha de 2006, pero la que definitivamente marcó un antes y un después en la historia de Szeged fue la de 1879. Entre marzo y agosto de aquel año el agua derrumbó casi todos los edificios que componían la ciudad. Por ello, en Szeged domina el estilo secesionista de comienzo del XX. El testimonio más antiguo lo representa la pequeña torre de San Demetrio de los siglos VI, VII y VIII, situada en la plaza de la catedral. La catedral votiva curiosamente debe su existencia a la terrible Gran inundación que acabo de mencionar. De hecho, nace como agradecimiento de la población por la vuelta de las aguas del Tisza a su cauce. En los dos días que pasé en la ciudad tuve la posibilidad de vivir dos primeras veces muy interesantes: visitar una sinagoga –en la que tuve que ponerme la kipá, el gorrito judío que llevan los hombres- y asistir a una obra de teatro en el bonito edificio neobarroco, donde vi el Otelo de Shakespeare en húngaro…

_DSC0122 _DSC0128

Dejo la ciudad en el tren rumbo a Budapest muy contento por haber aceptado la invitación a descubrir este pequeño rincón de Hungría a orilla del impetuoso Tisza. Mucho más podría decir de ella y de sus monumentos y museos, de sus plazas y calles peatonales. Mucho más habría que decir de su ambiente universitario, de la vida nocturna. Pero termino aquí. De repente vuelve a mis oídos la voz de Al Barr y con la mente ya estoy viajando otra vez por los caminos invisibles de Sudamérica con Laura y Juan. No pasa nada, porque el viejo tren ya ha empezado su carrera por la Gran Llanura…

Share with your friends










Enviar
0 likes Hungría # , , ,
¿Te unes a Libertad Viajera?

Únete al newsletter y recibe un regalo cada 15 días

Psst! Recuerda confirmar tu suscripción con el mail que te acabo de enviar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Jack

Amante de la comida callejera, los autobuses incómodos, las carreteras polvorientas y los colchones en el suelo; amante de todo lo que está al otro lado de la ventana. Amante del mundo y de la buena compañía.

Me llamo Jack y en este espacio virtual comparto emociones reales.

El ojo detrás de la cámara, los dedos que teclean, la mente que, a veces, piensa: todo eso me pertenece; así como los derechos sobre los textos, las fotos y las informaciones publicadas en Libertad Viajera.

¿Te unes a Libertad Viajera?

Recibe las últimas actualizaciones de Libertad Viajera directamente al correo y sigue viajando conmigo. Solo tienes que rellenar el formulario de aquí abajo. Cada 15 días habrá una sorpresa esperándote

Psst! Recuerda confirmar tu suscripción con el mail que te acabo de enviar

¿Te perdiste este post?
ESTE BLOG PARTICIPA EN
La Comunidad Viajera