Share with your friends










Enviar
  • es
  • it
Agosto 7, 2013 at 12:47 pm

Memorias salmantinas

Memorias salmantinas

Chaval, ¡el final tiene fecha y hora!

Con estas palabras anunciaba a un amigo por Skype que había decidido, al fin, cuando me iba a ir de Salamanca. Cuando a las 09h00 del 24 de diciembre el autobús se deje atrás la avenida Filiberto Villalobos rumbo al aeropuerto de Madrid será el fin de una era. Sé que puede sonar exagerado y dramático, pero no lo es, y los que han compartido conmigo alguna de las aventuras salmantinas de estos últimos cuatro años lo pueden confirmar.

Cuando mis resultados académicos me obligaron a partir, pude elegir entre Madrid y Salamanca. ¿Sabéis que no había oído hablar de la segunda en la vida? Al final, para evitar todo el jaleo de una capital, tocó Salamanca. Creo que no he vuelto a hacer tan buena elección en la vida.

Me enamoré de salamanca a primera vista; y esto aquí no es una frase hecha. La primera escena que ves desde el autobús cuando entras en la ciudad de noche es la de su imponente catedral iluminada. Llegué el 3 de enero de 2009, tenía que quedarme tres semanas para intentar aprender algo de español evitando así suspenderlo todo a la vuelta a la universidad. Tras unos días añadí una semanita a mi estancia, todavía no podía saber que eso habría sido el leit motiv de mi relación con la ciudad durante los siguientes cuatro años.

image001 (2)

De ese primer mes tengo buenísimos recuerdos, de personas y de momentos. Recuerdo conversaciones, fiestas, excursiones y todavía pasan delante de mis ojos imágenes que tardaré en olvidar. Pero vamos por orden, porque el primer impacto no fue de los mejores. La noche de mi llegada me quedé en la puerta de la residencia en la que me alojaba hasta que a la enésima tocada de timbre y al borde de la hipotermia me abrió un piadoso estudiante. Al poco tiempo, viví la misma situación pero desde el calor del hall de la residencia. Ese día conocí a unos chicos brasileños que habrían sido muy buenos amigos en los años siguientes. En la residencia tenía un cuarto compartido. Además de tener que soportar las medidas más propias de una celda que de una habitación, me tocó en suerte un tío de Pekín. No me malentendáis, no tengo en absoluto problemas con los chinos, pero Armando, ese era su nombre occidental, no hablaba español y casi nada de inglés, así que podéis imaginaros las profundas y emocionantes conversaciones que tuvimos esos días. Y por si no fuera poco, el amigo se tiró todo el tiempo que duró nuestra convivencia forzada fumando a escondidas en el minúsculo cuarto. Un par de veces lo pillé tirando por la ventana la colilla disimulando descaradamente. Vaya personaje. A Armando lo volví a ver casi dos años después en un campo de baloncesto. Entonces sí que pudimos comunicarnos un poco más, pero tampoco mucho.

Mientras tanto, fuera de la residencia, la vida seguía su curso. De día tenía clase en el Quijote, otro elemento de la primera Salamanca que volverá curiosamente a aparecer más adelante, el resto del tiempo lo pasaba con mis amigos sudamericanos. Por cierto, el grupo suizo-brasileño se hacía cada vez más grande y el porcentaje suizo iba disminuyendo hasta llegar a una proporción de 1:20. Pero siempre me lo pasaba en grande y menudas fiestas nos montamos. La base del triangulo del pecado la formaban el Irish Rover y la Chupitería – probablemente los sitios más de guiris de Salamanca –, la  punta El Sabor. Todos los lunes –día de la fiesta brasileña- estábamos ahí: yo haciendo el ridículo, los demás bailando.

salamanca

Esos primeros días del año 2009 descubrí una Salamanca distinta de la que me acostumbraré a vivir enseguida. Desde el primer momento la ciudad me hechizó. Sin embargo, no me dio tiempo a sentirla mía de verdad, a llegar a formar parte de ella como me pasó más tarde. Esa primera versión de Salamanca la veo hoy como muy pequeña, limitada a unos pocos bares, una escuela, una residencia y un gimnasio. A pesar de eso me pareció infinitamente atractiva. Y decidí volver. Pero esta es otra historia, y creo que deberíais conocerla.

Share with your friends










Enviar
0 likes España , Reflexiones #
¿Te unes a Libertad Viajera?

Únete al newsletter y recibe un regalo cada 15 días

Psst! Recuerda confirmar tu suscripción con el mail que te acabo de enviar

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Jack

Amante de la comida callejera, los autobuses incómodos, las carreteras polvorientas y los colchones en el suelo; amante de todo lo que está al otro lado de la ventana. Amante del mundo y de la buena compañía.

Me llamo Jack y en este espacio virtual comparto emociones reales.

El ojo detrás de la cámara, los dedos que teclean, la mente que, a veces, piensa: todo eso me pertenece; así como los derechos sobre los textos, las fotos y las informaciones publicadas en Libertad Viajera.

¿Te unes a Libertad Viajera?

Recibe las últimas actualizaciones de Libertad Viajera directamente al correo y sigue viajando conmigo. Solo tienes que rellenar el formulario de aquí abajo. Cada 15 días habrá una sorpresa esperándote

Psst! Recuerda confirmar tu suscripción con el mail que te acabo de enviar

ESTE BLOG PARTICIPA EN
La Comunidad Viajera