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Agosto 7, 2013 at 1:46 pm

Cuando los papagayos no regalan una sonrisa, sino que la borran

Cuando los papagayos no regalan una sonrisa, sino que la borran

Recensión libre

Advertencia: aún no existe la versión española de este libro. Pero os invito a que leáis igualmente el post.

 

Pappagalli verdi no es un libro de viajes: no cuenta historias de ciudades, sino de gente; historias tristes, infelices. Se trata de historias desesperadas, de gente desesperada, pero no sin esa miga de esperanza que sirve para seguir luchando, a pesar de todo. Gino Strada no es periodista, ni escritor –al menos no de profesión-, pero en cierto sentido es viajero, incluso aunque no viaje por diversión sino para curar a víctimas de guerra, a menudo civiles. Gino Strada es un cirujano de guerra que desde hace más de veinte años recorre el mundo ayudando indistintamente a niños, mujeres y ancianos, pero también a soldados y guerrilleros. En 1994 fundó Emergency, una ONG italiana que ofrece asistencia gratuita a las víctimas de conflictos armados, de las minas antipersonas y de la pobreza.

Con este post quiero presentar Pappagalli verdi: cronache di un chirurgo di guerra (Papagayos verdes: crónicas de un cirujano de guerra). Como de costumbre la idea es presentar el libro a los que no lo han leído y compartir las sensaciones que me ha dejado con los que ya lo han hecho. Los relatos de Strada no siguen un orden cronológico o geográfico, aparecen dispersos en los años y se desarrollan en muchos países como Afganistán, Perú, Somalia y Kurdistán. Son testimonios que no pueden dejar indiferentes y son, según el propio autor, “flashes transcritos como recuerdos reencontrados.”

Personalmente, creo que uno de los aspectos del libro que más llame la atención es el espíritu solidario y la ayuda recíproca que se crea entre un grupo de personas que se enfrentan diariamente a la destrucción que provoca la guerra. El equipo de Emergency es heterogéneo y multiétnico. Los colegas del doctor Strada vienen de todo el mundo, forman parte de culturas diferentes, pero esto no sólo no obstacula su trabajo, sino que, creo, empuja a que todos lo den todo para una causa que va más allá de la nacionalidad escrita en un pasaporte o de la cultura a la que se pertenece. A menudo, los médicos de Emergency están en la terrible situación de tener que decidir quién, entre la multitud de heridos, tiene que ser curado antes. Y es precisamente en este tipo de situación –tener que decidir a quién salvar entre un niño inocente y un soldado- en la que la lucha entre razón y sentimiento llega a su clímax: hay que salvar el mayor número de vidas posibles, ya sean más o menos culpables de la dramática circunstancia en la que se encuentran.

papagayos emergency

Este es un fragmento del libro en que los papagayos verdes del título toman forma y se nos revelan en toda su cruel esencia.

Un viejo afgano con las sandalias rotas y embarradas, y el turbante con la cola que bajaba hasta la cadera, estaba al lado del hijo de seis años en urgencias en el hospital de Quetta.

 

El niño se llamaba Khalil y tenía el rostro y las manos o lo  que quedaba, cubiertos de abundantes vendajes. Estaba tumbado, inmóvil, con la camisa ennegrecida por la explosión. Alguien había arrancado una manga para hacer un torniquete, atado fuertemente al brazo derecho para parar la hemorragia.

 

“Ha sido herido por una mina juguete, las que los rusos arrojan sobre nuestros pueblos” dijo Mubarak, el enfermero que hacía también de intérprete, acercándose con un cubo de agua y una esponja.

 

No me lo creo, solo es propaganda, pensé, observando a Mubarak que cortaba la ropa y empezaba a lavar el tórax del niño, frotando enérgicamente como si estuviera si tratara de un caballo. Ni se ha movido, el niño, ni un lamento.

 

En el quirófano quité las vendas: la mano derecha ya no existía, sustituida por una horrible papilla  parecida a una coliflor chamuscada, tres dedos de la izquierda completamente machacados.

 

Habrá cogido una granada, me dije.

 

Pasarían solo tres días, antes de recibir en el hospital un caso parecido, otra vez un niño. A la salida del quirófano Mubarak me enseña un fragmento de plástico verde oscuro, chamuscado por la explosión.

 

“Mira, esto es un trozo de mina juguete, lo han recogido en el lugar de la explosión. Nuestros mayores las llaman papagayos verde…” y se pone a dibujar la forma de la mina: diez centímetros en total, dos alas con un pequeño cilindro en el centro. Se parece más a una mariposa que a un papagayo, ahora puedo colocar como en un puzzle el trozo de plástico que tengo en la mano, es la extremidad del ala. “…bajan a montones, lanzadas desde los helicópteros a baja altura. Pregunta a Abdullah, el chofer del hospital, uno de los niños de su hermano recogió una el año pasado, perdió dos dedos y se quedó ciego.”

 

Minas juguetes, estudiadas para mutilar niños. No tuve más remedio que creérmelo, aunque todavía hoy me cuesta entenderlo… (p. 22 de la edición en italiano. Traducción propia)

 

Después de leer un texto así no pueden sino surgir espontáneamente al menos dos preguntas: ¿quién está detrás de estos objetos infernales? Ingenieros, químicos, generales y políticos que después de acompañar a sus hijos al colegio van al trabajo para proyectar el “juguete” perfecto, la mina más eficaz, la más terrible. La que golpea, mutila, quema, ciega a los niños; la que antes se deja coger, deja que los chicos jueguen con ella y se diviertan, luego los mata. Ingenieros, químicos, generales y políticos, como hemos dicho, que de vuelta a casa, abrazan mujer y niños, como maridos y padres ejemplares.

Y luego, ¿por qué los niños? Nos lo explica esta anécdota del libro:

Un francotirador de Sarajevo se deja entrevistar en un cuarto casi sin luz. Me parece increíble: es una mujer. ¿Una mujer que dispara a un niño de seis años? ¿Por qué?Mover a la papelera

“Dentro de veinte años tendría veinte y seis”, es la respuesta que el intérprete traduce.

El frío se hace más intenso, hace frío dentro. La entrevista se termina así, no hay otra pregunta posible. (p. 117 versión en italiano. Traducción propia)

Los papagayos verdes, esos juguetes mortales, son la demostración, una vez más, que la crueldad del hombre no tiene límites. Gino Strada, Emergency y todos aquellos que forman parte de ella, representan esa miga de esperanza que nos hace seguir luchando, a pesar de todo.

 

Datos útiles:

Autor: Gino Strada (1948, Italia)

Título original: Pappagalli verdi: cronache di un chirurgo di guerra (1999)

Título inglés: Green Parrots. A war surgeon’s diary (2004)

Emergency en la web: http://www.emergency.it

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Jack

Amante de la comida callejera, los autobuses incómodos, las carreteras polvorientas y los colchones en el suelo; amante de todo lo que está al otro lado de la ventana. Amante del mundo y de la buena compañía.

Me llamo Jack y en este espacio virtual comparto emociones reales.

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